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Entrevista a Manuel Clavel

Bien es sabido que en este blog nos gusta barrer para casa y hace unas semanas nos encontramos en un periódico una entrevista a un arquitecto murciano, así que aquí nos hacemos eso y la reblogueamos.

«Sonríe mucho Manuel Clavel (Murcia, 1976). Va a todas partes en bicicleta, bucea, se sube al barco para sentirse libre y sin ataduras y diseña edificios. Y no pierde la sonrisa. Múltiples proyectos y muchos frentes abiertos, entre ellos la nueva sede cultural de la CAM, en la calle Trapería de Murcia. «Nunca ha habido mejor momento, si tienes dinero, para hacerte una casa singular», asegura». La mejor arquitectura nunca surge en momentos de expansión y excesos sino de tranquilidad, cuando hay tiempo para pensar las cosas y cuando se entiende realmente la arquitectura como un valor añadido», asegura.

-¿Cómo ve el paisaje?

-Murcia no es una gran heredera de patrimonio y por eso tenemos la responsabilidad de construirlo nosotros. Los cafés, las tiendas, los bancos… eso es lo que forma el paisaje real de una ciudad. Y yo detecto una creciente conciencia de hacer las cosas mejor. Nadie tiene que venir a arreglarlo y además no se le espera; entre todos podemos construir un paisaje más habitable si queremos que alguien nos visite. Barcelona, por ejemplo, se construyó a partir de la iniciativa privada. Aquí hay que ponerse las pilas. No es demasiado tarde.

-La ciudad ideal…

-Depende de tu edad, tus inquietudes, tus necesidades… Igual a los 20 es Nueva York y a los 40 es Murcia. La ciudad es la suma de muchos intereses que necesita respuestas complejas. La ciudad debe ser un espacio generoso.

-¿Por qué la gente se hace, o se hacía, unas casas tan desmesuradas?

-Eso era antes. En España no son tan desmesuradas. Yo siempre aconsejo menos tamaño y más calidad. Ni las dimensiones ni el presupuesto tienen por qué ser desmesurados. Construir una casa es la oportunidad de construir un legado y puede llegar a ser un manifiesto de la arquitectura de una época. -Nunca hay proyectos pequeños.

-¿Ama el riesgo y sus consecuencias, sean cuales sean?

-Un arquitecto tiene que ser muy responsable y debe llevar las situaciones a los límites de lo razonable. -Las casas quedan y los errores no son fáciles de solucionar. Un proyecto es siempre el resultado de un largo proceso de estudio. Apuesto por una arquitectura muy contemporánea pero intemporal, que no pase de moda. En la vida se puede arriesgar más y realmente mi fuente de inspiración es el viaje. Yo me fui a vivir a Londres con 17 años. En el mar sí hago más locuras, allí sí me he jugado la vida.

-Cuénteme.

-De pequeño me enrolaba como tripulación en veleros y en uno de ellos di la vuelta a España desde Inglaterra. Era muy competitivo y recuerdo cambiar velas de noche con un oleaje tremendo. Mis experiencias de adrenalina son siempre marinas.

-¿Sigue siendo un surfero convencido?

-Hago kite surf, buceo… los deportes tranquilos me ponen nervioso. Tengo que llegar a casa agotado para poder sentarme.

-¿Cuál es el lugar más raro y peligroso en el que se ha sumergido?

-Peligroso fue un día en Cabo de Palos, con una corriente agobiante. El más curioso quizá sea María la Gorda, en Cuba, donde hay una carretera con millones de cangrejos que la cruzan para desovar. Ibiza y Formentera son dos espacios mágicos.

-Donde caben dos, ¿está seguro de que caben tres?

-No siempre porque se ha tendido a construir pisos muy pequeños y limitados. Pero la arquitectura puede también transformar y hacer los espacios más versátiles. Espero que nunca lleguemos a los límites de Japón porque disfrutar del espacio es un derecho, además de un placer.

-Sostenibilidad parece la palabra mágica. ¿Usted es sostenible?

-Es una palabra que se ha pervertido completamente y ya la utilizan hasta las petroleras. En el nombre de la sostenibilidad se están haciendo auténticas barbaridades. Hay proyectos que son agresivos con el medio ambiente pero como incluyen un ladrillo reciclado se venden como ‘sostenibles’. Me dan miedo las palabras que son muy fáciles de manipular, suenan a vendedor de motos. Existen coches sostenibles cuando lo sostenible es que existan menos coches. Quizá sería mejor hablar de lo razonable, que siempre ha sido sostenible.

-Su palabra favorita es…

-Complejidad, que quizá sea la palabra más contemporánea y positiva que existe.

-¿Conoce alguna palabra mágica?

‘Por favor’, abre muchas puertas.

-La crisis nos obliga a repensar cómo vivir, cómo construir, cómo habitar los espacios…

-Nos obliga a repensar todo. Últimamente nos llaman para diseñar muchas rehabilitaciones, se trata de ofrecer otra vida a un edificio y eso es una forma de repensar la ciudad. Me gusta rehabilitar edificios cuando merece la pena.

-Usted va en bicicleta a todas partes.

-Siempre que puedo e incluso me he llevado la bici plegable a Nueva York. La bicicleta te permite una relación con la ciudad maravillosa y debe ser uno de los pilares para pensar nuestras ciudades. Ahora parecen más empeñados en multar que en pensar, aunque parece que en los últimos meses han frenado ese ataque al ciclista urbano. La gente de la bici es responsable y educada. Una ciudad llena de bicis, y con bicis aparcadas en las calles, es una ciudad moderna.

-¿Cuál es el peor veneno de esta época? ¿Hay antídoto?

-Una mezcla de falta de responsabilidad con prepotencia, creer que los actos no tienen consecuencias y que uno lo sabe todo. El antídoto es viajar, conocer gente distinta y situaciones humanas dispares y darte cuenta de que tu ciudad no es la mejor del mundo. Viajar es aprender. En el momento que te acomodas estás liquidado, estás muerto.

-¿Está muy viajado?

-Bastante, pero sobre todo por ciudades. Mi primer viaje a Japón fue revelador, ¡alquilan los mejores lugares para contemplar los cerezos en flor! Solo un pueblo muy sensible puede hacer algo similar. Me fascina la energía de Londres. Durante cinco años he viajado allí cada quince días. Es cara e incómoda, pero todo el mundo quiere vivir allí porque allí ocurre de todo, es un lugar totalmente creativo y pasan cosas en todas las esquinas.

-¿Qué ciudad no le gusta nada?

-Las ciudades-coñazo. Madrid de hace unos años era una ciudad de fuentes con cisnes y muy aburrida, ahora es más parecida a Londres. Barcelona, que es maravillosa, se está convirtiendo en una ciudad-coñazo.

-Y Murcia…

-No es una ciudad-coñazo. Es una ciudad con potencial y con gente con talento. No tiene que dormirse porque tiene que labrarse el futuro o lo pasará muy mal. Es una ciudad lista que tiene que estudiar mucho.

-¿Qué es el buen gusto?

-Mies van der Rohe decía que la arquitectura es la voluntad de una época materializada en un edificio. El buen gusto parte siempre de un conocimiento y de una base cultural importante, es tener conciencia cultural contemporánea, que debería enseñarse en los colegios. Una sociedad moderna tiene que entender las claves de lo contemporáneo, no las del siglo XVII, y nos han escamoteado esa información.

-¿El buen gusto es un bien escaso?

-Bastante escaso, escasísimo. Pero como soy positivo por convencimiento y como cada vez tenemos más información, la cosa tiende a mejorar.

-¿Para qué sirve un ángulo recto?

-Es el ángulo donde funciona la gravedad, así que no podemos prescindir de él, pero como elemento estético y formal existen otras fórmulas. Yo no me debo al ángulo recto pero tampoco a la curva. Son herramientas que están encima de la mesa. Además, la tecnología nos ha liberado de la tiranía del ángulo recto.

-¿Es un curioso contumaz?

-Un curioso sin pausa al que le gusta percibir en directo la atmósfera de los lugares. Me gustan los espacios que evocan y te estimulan.

-¿Dónde curiosea además de en los edificios?

-En el mundo del diseño gráfico y la comunicación, que se renueva permanentemente. Internet es algo parecido a cotillear discretamente sin que nadie te vea, de meterse en la cocina del mundo. La ventana que me permite mi iPad es fascinante.

-Defina ‘confort’.

-Esa situación que nos permite a nivel físico e intelectual sentirnos bien. Un momento de brillo que lo puedes tener en tu casa o en una playa.

-¿Qué le hace dudar?

-El proceso creativo es un proceso de duda permanente en la que hay que tomar decisiones. Me preocupa no dudar y si no dudas es necesario forzar los interrogantes. Dudar es investigar y avanzar.

-Todo el mundo propone regresar a lo simple; y, ¿qué es lo simple?

-Es una tontería, igual que sobriedad y perfil bajo, lo que hay que regresar es a las cosas bien hechas. La salida a ninguna crisis ha sido nunca el ‘perfil bajo’ sino la creatividad, algunas soluciones serán sencillas y otras complejísimas. Es peligroso recetar fórmulas mágicas. La ministra de Finanzas francesa decía que el inicio de la crisis nos pilló eligiendo un bañador mientras se espera la llegada de un tsunami; esa postura es la simplicidad. ¡Ya vale de seguir escogiendo bañadores!

-¿Dónde se refugia?

-En el mar, siempre en el mar. Mis padres ya me metieron en un barco con dos o tres meses. Perderme con un barco e irme a Ibiza o Formentera y dormir en el camarote o en playas salvajes, nada de hoteles. Desconecto. Una forma de ‘resetear’ la cabeza. Eso es una auténtica terapia frente a espacios infinitos. Tengo un velero de doce metros de eslora, ‘Sincio’, una palabra que en el dialecto santanderino de mi abuela significa ‘algo que deseas mucho’. Está atracado en San Pedro del Pinatar, en un puerto que yo he diseñado.

-¿Su casa se parece a su casa ideal?

-No. Todavía no me he levantado mi casa, espero la oportunidad adecuada y encontrar el sitio perfecto. Siempre he tenido una necesidad de movilidad tal que esa casa podría ser un lastre. Vivo en un ático frente a la Catedral que me produce unas vibraciones fantásticas pero no es el ‘espacio ideal’. Yo necesito gente y ciudad, en mitad del campo me puede dar algo y subirme por las paredes.

-¿Tiene bien dibujado y diseñado su presente inmediato?

-Sí, las cosas van razonablemente bien, tengo un proyecto interesante en Hong Kong y me han invitado, en enero, como profesor en la Universidad de Miami.

-Realizó un panteón para su abuelo, todo un homenaje.

-Mi abuelo lo llamaba ‘mi chalecito’. Cuando me preguntaba cómo iba yo le decía que de muerte y él se descojonaba. Fue mi primer proyecto, incluso antes de acabar la carrera. Mi familia siempre ha sido un puntal básico de mi vida, por parte de los Clavel somos 35 primos y nos reunimos en Navidad, incluso en una fecha inventada y exclusiva que es la ‘tardebuena’. Por eso el panteón fue un proyecto hermoso donde ahora están aquellos a quienes más he querido. En ese mismo lugar acabarán mis huesos o mis cenizas. Al principio me dio un poco de miedo el lugar, pero luego el enterrador me invitó a una paella y comencé a ver aquello con más normalidad. Históricamente existen cementerios maravillosos que son auténticos parques, como el cementerio judío de Berlín. Ahora te paseas por un camposanto y te quieres morir.

-‘Gatos tumbados al sol’, así describía Souto de Moura su concepto de arquitectura, definición que a usted le entusiasma.

-Se relaciona con la placidez y la naturalidad. Esa manera que tiene un gato de conectarse con el suelo es la forma con la que un edificio debe relacionarse con los lugares.

-¿Tiene gato?

Lo tuve, también perros, tórtolas… pero viajo demasiado. De pequeño quería ser naturalista como Gerald Durrell, también quise ser médico.

-Tintín regresa de la mano de Spielberg. ¿Le interesa o le deja totalmente indiferente?

-El cine me encanta porque es una experiencia completa, pero Spielberg ha bajado un poco su nivel de exigencia, pero estará bien. Antes miro en filmaffinity y no voy a ver películas con menos de siete.

-Recomiéndeme una película.

-‘127 horas’, es un poco salvaje pero con unas imágenes bárbaras y sutiles de la naturaleza. De las clásicas, ‘Metrópolis’ es muy interesante como arquitecto.

-Dígame un ejemplo de disparate arquitectónico regional.

-Nunca hablo mal de ningún compañero. Genero propuestas, no critico. Portmán parece que se mueve, pero me ha dado el 95% de mis disgustos y el 1% de mi facturación. Junto a otros dos estudios ganamos un proyecto internacional para un proyecto de rehabilitación con un paisaje de dunas salinas de vegetación natural. No sé qué pasará ahora pero hay que llevar mucho cuidado. Yo no quiero favores sino justicia y suele ser muy común eso del reparto de medallas a los no participantes. Pero o soy optimista o no me levanto por la mañana.»

Manuel Clavel

Manuel Clavel, con su bici plegable en la plaza de la Catedral. NACHO GARCIA / AGM

1. ¿Un sitio para tomar una cerveza? El café del Arco, en Murcia.

2. ¿Qué música le suena en el móvil? Últimamente LCD Soundsystem, la cambio a menudo.

3. ¿Un libro para este verano? ‘Éramos unos niños’, de Patti Smith.

4. ¿Un consejo? Hoy puede ser un gran día.

5. ¿Facebook o Twitter? Ambos y linkedin, que lo tengo muy abandonado. Todo lo que haya, no te puedes dormir.

6. ¿Le gustaría ser invisible? No especialmente.

7. ¿Sus héroes/heroínas de ficción? Magneto, capaz de doblar estructuras.

8. ¿Un epitafio? Ha sido un placer.

9. ¿Qué le gustaría ser de mayor? Lo mismo que ahora, un poco más tranquilo.

10. ¿Tiene enemigos? Creo que no, pero alguno habrá.

11. ¿Lo que más detesta? La exclusión del distinto.

12. ¿Qué es lo peor del verano? Que se acaba, la melancolía de agosto.

 
Via: http://verano.laverdad.es por «GONTZAL DÍEZ»

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