Arquitectura y Cine/Articulos

El Manantial: Resumen y Crítica

 Por Juan Francisco Mártinez Pérez

Hacía mucho que no escribía nada para Pedacicos Arquitectónicos (en realidad es mi segundo post) y dado que hace ya bastante tiempo me leí el libro de “El Manantial”, he querido compartir con vosotros las conclusiones que he sacado de esta magnífica obra de Ayn Rand.

“El Manantial” defiende una doctrina filosófica llamada “objetivismo”, que sostiene que el egoísmo es el motor del avance de la humanidad. En la novela, el protagonista es el arquitecto Howard Roark, es un genio y un hombre fiel a sus ideales que tiene como único fin en su vida realizar su obra, se representa en él  el arquitecto perfecto. Peter Keating es el compañero de Howard Roark en la universidad pero no es tan hábil como él y no ama su trabajo, solo busca el reconocimiento de los demás y se somete al pensamiento colectivo, representa el modelo de arquitecto que vende sus ideales por reconocimiento. Ellswoth Toohey es un crítico de arte y es el antagonista de Roark, el que se vale del altruismo para moldear los pensamientos de la gente para obtener sus fines.

El libro muestra a un arquitecto egoísta, pero no toma el egoísmo como un defecto, sino como una virtud para el desempeño de su profesión. Es su actitud egoísta la que moldea su personalidad. Lo único que Roark quiere es hacer su trabajo como él cree que está bien, no se subordina ante nadie, sea cual sea su posición social ni su posición en la empresa en la que está trabajando, ni siquiera si este es su profesor. Roark solo pone una condición a sus clientes, que ellos respeten su trabajo y lo acepten, muchas veces esto le cuesta perder clientes y tener que dejar la profesión de arquitecto durante unos meses porque no encontraba encargos.

No me acaba de quedar muy claro que sea el egoísmo el que debe impulsar a un profesional creativo como es el arquitecto. La gente debe exponer sus ideas, verlas materializadas, debe defender su manera de vivir y de hacer las cosas, etc… pero en el libro el arquitecto hace sus obras de manera muy impersonal, como no fuera a vivir nadie en ellas, solo como si fueran una escultura. En numerosas ocasiones en la novela Roark muestra una actitud demasiado radical, ignora más de la cuenta al cliente, o por lo menos eso es lo que entiendo yo. No estoy diciendo que el cliente tenga derecho a mandar sobre el arquitecto ni nada parecido, pero el protagonista lo ignora totalmente. No hay nada de malo en escucharlo, tener en cuenta sus propios gustos e intentar llegar a un acuerdo, incluso tratar de explicarle porque piensa que está equivocado. Digo que Roark es radical porque no hace esto precisamente, es él quien rechaza al cliente sin darle oportunidad de llegar a un acuerdo. El libro explica que el ser humano debe ser egoísta y eso es lo que hace Roark, no intenta ayudar al cliente a entender porque él tiene razón, no se esfuerza en ello. Sabe que tiene la razón pero le niega al cliente la oportunidad de tenerla él también.

Al contrario que Roark, a Peter Keating no le gusta ser arquitecto como tal(aunque lo sea), le gusta que le vean como arquitecto y que lo respeten. No trabaja porque le guste trabajar, ni por ver su trabajo terminado ni por aprender, trabaja para obtener méritos a ojos de otras personas, es un esclavo de los demás, no es libre como Roark. Keating busca los trabajos no porque se interese en ellos o vaya a disfrutar elaborándolos, sino por la importancia social que pueden tener sobre él. Es una persona que se encuentra muy a gusto cuando los demás lo halagan y todo su trabajo está centrado en ello. No le importa que un arquitecto mejor que él le haga un trabajo y ponerlo a su nombre, siempre y cuando él se lleve los méritos. Keating es un parásito, es lo “común” del libro, es necesario en el libro para mostrar las virtudes del protagonista.

Al contrario que Roark, Keating parece un personaje más normal, ya que tiene sentimientos y muchas veces se desmorona. Roark es demasiado rígido, no muestra emociones humanas más que el egoísmo, esto hace que el personaje sea imposible, es difícil entenderlo como el modelo a seguir, requiere de esfuerzo. El trabajo del arquitecto sería ideal si no existieran profesionales como Keating, ya que estas personas se sublevan a los gustos de los demás y acostumbran a la gente a pensar que ellos tienen derechos sobre el diseño y a inmiscuirse en el trabajo del arquitecto, la gente no entiende muchas de las decisiones de los arquitectos y muchas veces los proyectos son modificados a causa de los caprichos del que pone el dinero, haciendo que se encarezca la obra con detalles estéticos sin sentido en numerosas ocasiones. En mi opinión, si todos los arquitectos tuvieran algo de Howard Roark el trabajo del arquitecto sería mucho más fácil.

Nadie le dice al ingeniero la manera de diseñar un coche, él solo busca sacar el máximo rendimiento de la máquina, que no cueste mucho dinero, que sea seguro y a todo esto se adapta la carrocería del automóvil. Pues bien, el arquitecto trata de hacer lo mismo, ¿porqué el cliente se empeña en alterar el edificio en función a su imagen de la estética desfasada sacrificando un mejor rendimiento y no lo hace en el coche? ¿Por qué esa falta de confianza en el arquitecto? Deberían ser los arquitectos los que les enseñasen a la sociedad, no la sociedad la que controle la estética a la cual se debe someter el arquitecto.

Esta sociedad que manipula la creatividad y el individualismo del creador está personificada por Ellsworth Toohey, un crítico de arte que se vale de sus artimañas y sus amistades para destruir los ideales de todo aquel que sobresale en algo. Utiliza el altruismo para manipular el pensamiento de la gente, la gente que no está lo suficientemente abierta a nuevas formas de ver el arte. Hace que el público no acepte lo nuevo, lo que no entienden, él no quiere figuras que sobresalgan, quiere un mundo mediocre sin ningún tipo de avance artístico, ni tecnológico, su sueño es el estancamiento de la humanidad.

En definitiva, la obra de Rand muestra las virtudes y los ideales que debe tener un arquitecto para la correcta realización de su trabajo y para que la arquitectura pueda seguir avanzando sin los prejuicios de la sociedad, pero muestra un personaje radical al extremo. No olvidemos que el arquitecto se relaciona con las personas, la obra que realiza está pensada para que las personas vivan o trabajen dentro. El arquitecto debe tener sus ideales y debe mantenerse firme, pero no puede deshumanizarse, tiene que saber que hay un límite para todo ya que por ejemplo, el protagonista de la novela no es un padre de familia que tiene que dar de comer a sus hijos, ¿qué podría más en ese caso, sus ideales o el bienestar de su familia? La respuesta es obvia. Está claro que esto no es una excusa para abandonar los ideales, es solo una posibilidad que en el libro no es conveniente reflejar.

En mi opinión, “El Manantial” es una lectura muy enriquecedora, ya que en el futuro, seguramente me encuentre con situaciones en las que tenga que tomar una decisión referente a mis ideales y el hecho de leer este libro y realizar esta pequeña critica me ha hecho preguntarme como me tomaría yo estos problemas. El estudiante cuando está en la carrera no piensa nada más que en aprobar las asignaturas y en salir a trabajar para ganar dinero o para hacer arquitectura(hay de las dos clases), algunos creen que será fácil y que no nos encontraremos problemas como los que se abordan en este libro, otros sí que lo saben pero están dispuestos a ceder, ya que lo han estado viendo toda la vida y lo toman por algo normal o porque tienen un concepto equivocado del ideal creativo.

Como he dicho, la novela de Ayn Rand es enriquecedora para un estudiante (en realidad, para cualquier persona) pero no se debe tratar de ser un Howard Roark, no es un ejemplo a seguir a ciegas. Debemos tener en cuenta cuales son los ideales en los que se centra la novela, la manera en la que se defienden y tenerlos muy en cuenta para nuestro futuro ejercicio de la profesión.

HOWARD ROARK EN EL MUNDO REAL

El arquitecto protagonista de la novela tiene ciertas similitudes con diversos arquitectos a lo largo de la historia, pero el que más se le asemeja es Frank Lloyd Wright. Incluso en la versión cinematográfica, Ayn Rand intentó que Wright diseñara las distintas maquetas que salieron en la película, pero este pedía demasiado dinero y no se pudo hacer. Tantas son las similitudes que dicen que Roark está bastado en Wright.

Al igual que Wright, Roark es un genio, lo sabe y no muestra ningún interés en ocultarlo, la diferencia es que Wright además de no ocultarlo se enorgullecía, siempre alardeaba de ello. Los dos eran fieles a su trabajo y no dejaron que sus superiores, ni los clientes les dijeran lo que tenían que hacer, aunque Wright tenía en cuenta a las personas y sus necesidades. Los dos llegaron a lo más alto de sus carreras, luego cayeron y se volvieron a levantar siendo aún mejores. Roark es un enamorado de su trabajo y nunca se cansa de él, siendo su única pasión mientras que, aunque Wright es un gran profesional y su trabajo es lo que más le importa, tiene también otras pasiones, ya que si alguien conoce algo de él sabrá que se casó en numerosas ocasiones y a diferencia de Roark, a él le importaba recibir una buena remuneración por su trabajo(Roark ayuda a Peter Keating en varias ocasiones sin recibir nada a cambio excepto ver su obra realizada). Roark trabajaba para sí mismo, no necesitaba la aceptación de nadie ni sentía celos de otros arquitectos, mientras que Wright iba autopromocionandose y no desperdiciaba la ocasión de decir que el había sido el mejor arquitecto de la historia, también sentía celos de arquitectos como Le Corbusier y Gropius cuando estos estaban en todas las publicaciones y no se hablaba tanto de él. Pero la conexión más destacable entre los dos es que los dos fueron revolucionarios y unos avanzados a su tiempo.

Gaudí también se asemeja a Howard Roark en su manera de vivir la arquitectura, ya que este basaba su vida en su obra, nunca tuvo esposa y al final de su vida no le importaba como le viera la gente, ya que iba bastante andrajoso, solo le importaba su trabajo. Incluso vivía en la Sagrada Familia para estar todo el tiempo cerca de su trabajo.

Otro arquitecto que también recuerda la figura de Howard Roark es Adolf Loos, un hombre revo lucionario e individualista que se opuso al clasicismo de su época. También estuvo enfrentado a todos los arquitectos vieneses que no pensaban como él(que eran casi todos) y durante toda su vida tuvo problemas con las administraciones públicas ya que según ellos sus diseños tan modernos “afeaban las calles de la ciudad”, por ello, hubieron movimientos de protesta públicos contra él, la diferencia es que él, en alguna ocasión tuvo que cambiar sus diseños. Otra similitud es el grupo de admiradores que tenía, todos ellos anteriormente le habían encargado una obra. Pero el parecido más notable vuelve a ser la incorruptibilidad de sus ideales y su voluntad para llevarlos a cabo.

“El Manantial” también fue adaptada en 1949 a la gran pantalla. El guión fue adaptado por Ayn Rand, por lo que es una película muy fiel a aquello que se quiere transmitir con la novela. En varias ocasiones durante el rodaje, Ayn amenazó con suspender todo el proyecto si el guion sufría la más leve modificación, haciendo gala de ese egoísmo de artista del que predicaba con su novela.

Al final de la película, Gary Cooper recita el alegato final de la novela sin entenderlo del todo, cosa que se nota en el énfasis y entonación que le da a las frases en el film original. Os dejo aquí el video, no tiene desperdicio ¡¡¡que lo disfrutéis!!!:

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5 pensamientos en “El Manantial: Resumen y Crítica

    • La novela El Manantial, como todas las de Ayn Rand, rozan el absurdo y están escritas y puestas al servicio de la ideología del capitalismo salvaje, del anarco-liberalismo. Todos sus personajes son caricaturescos e irreales y ya el autor del artículo vislumbra un poco, aunque no quiere entrar demasiado en ello, los problemas que causa una propuesta de este tipo.
      Rand cambia el significado de altruismo y de egoísmo para hacer una empanada a su medida. Es como llamarle queso a la lechuga y tomate al perejil y confeccionar con ello una pizza, si no eres tonto del todo te darás cuenta de que algo falla, aunque si eres perezoso en tu esfuerzo indagador, quizá te la comas.
      Para poner un ejemplo de la absurda idea que tiene Rand de algunos de los conceptos que son los pilares de su obra y como muestra de su poder manipulador, baste decir que ella consideraba que el régimen stalinista era un régimen basado en el altruismo.
      En fin, para qué más…

      • Si nos guiamos por la definición que da la RAE, podríamos decir que egoísmo y altruismo quedan perfectamente definidos en El Manantial. Pero bien es cierto, que no siempre me gustan sus “Reales definiciones” y, en general, creo que la imagen mental que actualmente acompaña a ambos términos no se adapta exactamente a lo que muestra la obra, especialmente el altruismo (quizá ahora muy vinculado con la caridad). Lo que vengo a decir es que no están tan deformados como parece los conceptos, lo que pasa es que se expresan dos actitudes tan extremas y antitéticas que dificulta posicionarse totalmente en una u otra (tampoco es necesario) y además impide identificarse completamente con el protagonista, que se dibuja opuesto a valores como la cooperación o el auxilio mutuo, tan básicos en el progreso social e incluso individual. Al mismo tiempo, se nos muestra a un personaje deleznable (Toohey), que busca la subyugación del individuo a la masa a cualquier precio, predicando con el “altruismo” como bien supremo, cuando lo que verdaderamente persigue es el poder y la dominación.
        Esto nos puede llevar a desechar este trabajo, pero es realmente interesante el debate que se plantea en la obra, a pesar de la idea de la que parte el autor.

      • tienen toda la razon los dos comentarios pero les falta el sentido critico del pedagogo con relación al formato de la epoca, y la forma de ver de un emigrante de formación sovietica que hace una novela para el capitalismo brutal y la arquitectura en formación moderna con sus paralelismos en arquitectos de la época.

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