Citas

TU CASA, TU MUSEO, TU MAUSOLEO. MI CASA, NI MUSEO NI MAUSOLEO

Texto de Alberto Campo Baeza publicado en “La idea construida” (libro que recomendamos encarecidamente)
 

¿Cómo explicar a la gente sin herirla que en la inmensa mayoría de las ocasiones sus casas son un horror, son como museos de todos los horrores, son como horrorosos mausoleos para enterrar lo inconfesable?. Por dentro y por fuera. Aunque también es verdad que en la inmensa mayoría de las ocasiones la culpa es de los arquitectos.

En su interior hoy las casas son como templos presididos por el ojo polifémico, el televisor. Entronizado en un altar con ruedas que nunca se mueve. La estúpida caja se convierte en el foco de un espacio, ¿espacio?, que suele ser acumulación de sofás y butacas. A su alrededor, llenándolo todo, numerosas mesitas y estanterías, repletas de ceniceritos y cacharritos y figuritas y objetos múltiples… para ser usados nunca. Como homotecia de un museo de aquellos que obligadamente se recorren en los habituales viajes turísticos programados. Y todo ello, entreverado con multitud de macetas donde nunca falta un tronco de Brasil, que dan a la estancia un carácter selvático.

Y como la luz natural, la gran aliada de la arquitectura, su material imprescindible, es persona no grata para la buena visión de la caja tonta, unas enormes cortinas suelen tapar la gran cristalera que el arquitecto decidiera un día colocar a la terraza. Pues la terraza, o su caricatura, suele ser el elemento con que se rematan casi siempre estas estancias.

Si esta descripción de la realidad de muchas casas, nos lleva a pensar que, más que una casa para habitar, son espacios para adorar a la televisión, podría hacer una descripción paralela en como se concibe, muchas veces la arquitectura, ¿arquitectura?, en la que están inmersos estos espacios. Y con la misma superficialidad con que ocurre todo lo descrito se genera mucha de la arquitectura de las viviendas que nos rodean. Como museo de los caprichos recolectados por la superficialidad de los arquitectos en la frivolidad de las revistas. Como mausoleos donde enterrar, usuarios y arquitectos, sus pasiones más inconfesables. Como una exaltación universal de lo que los clásicos llaman horror al vacío. Con tal de no pensar. Porque pensar es siempre la solución, es lógico para el hombre. Para el arquitecto a la hora de concebir los espacios. Para los usuarios a la hora de disfrutar de ellos.

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