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WEB Mi primera vez – Alberto Campo Baeza

Recientemente he descubierto una iniciativa de mucho interés para los que, como nosotros, están terminando sus estudios. Se trata de http://www.miprimeravez.es una web don de a modo de entrevista personajes de interés, especialmente arquitectos, nos hablan de sus primeros pasos en el mundo laboral y sus comienzos creativos de manera independiente. En definitiva, una web imprescindible para cualquier estudiante o recien titulado, os animamos a visitarla!!
A continuación os dejamos la entrevista a Alberto Campo Baeza y sobre su opera prima: la Casa Turégano. Y ya sabéis  no dejéis de visitar su web!! http://www.miprimeravez.es/
 

Casa Turégano

Llamamos a Alberto Campo Baeza y nos invitó a su estudio. Aunque le conocíamos no esperábamos tanta hospitalidad y generosidad. Es uno de los arquitectos españoles más respetados y docente de varias de las escuelas más prestigiosas del mundo. No le gustó nada que le pidiéramos hablar de su primera vez, considera mucho más elegante hablar de opera prima. La casa Turégano no es su primera obra propiamente dicha pero si la que él siente como tal. Como curiosidad, también es la última, ya que este año han realizado la obra de ampliación.

Este dossier contiene, además de la entrevista completa, planos, memoria, imágenes de la obra y la “fábula del arquitecto feliz y la blanca y cúbica cabaña”.

¿Cuál fue tu primera vez?

Considero la casa Turégano, a la que entre los amigos hemos llamado siempre la blanca y cúbica cabaña, como mi opera prima. Es la primera vez que trabajé con plena conciencia de lo que quería en arquitectura y con toda libertad.

¿A qué edad?

A los 39 años, a la vez que sacaba la Cátedra de Proyectos de la ETSAM. Fue un tiempo muy especial para mí. Los círculos de la Arquitectura en Madrid eran, y lo siguen siendo todavía hoy, muy cerrados. Y yo estaba, y lo sigo estando, fuera de ellos. Entrar como profesor en la Escuela de Arquitectura era casi imposible. Yo lo había logrado un poco antes, de la mano de Sáenz de Oíza, como profesor de Proyecto Fin de Carrera. Antonio Viloria, Antonio Miranda, Rafael Pina, y yo, entramos tras un cúmulo de casualidades en Diciembre de 1976. Y esta obra me ayudó en aquel tiempo enormemente a salir adelante.

¿Con quién?

Estaba trabajando por entonces en el Estudio Pedro Valle que firmó la obra conmigo. Pedro es un arquitecto magnífico que me ayudó siempre muy eficazmente.

En aquella época yo tenía un Estudio compartido con Álvaro Llano y con Antonio Romero en la calle Reina Mercedes. Eran tiempos de absoluta radicalidad y que recuerdo muy felices. Nos reíamos mucho. Sigo siendo tan radical como entonces y afortunadamente, si cupiera, más feliz todavía.

¿Cómo conseguiste el encargo?

Fue el resultado de un concurso que planteó Roberto Turégano en 1985 entre sus amigos arquitectos. Juan Miguel Hernández de León, Paco de Gracia, Antonio Miranda y yo.

El jurado estuvo formado por Alberto Corazón, Alfonso Albacete, Tanis Pérez Pita y Jerónimo Junquera y los dueños de la casa, Roberto Turégano y Alicia Sánchez.

Roberto Turégano era el diseñador gráfico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Su trabajo era profundo y brillante y riguroso. Con Alberto Corazón era el mejor diseñador gráfico español.

Alicia Sánchez, una de las primeras actrices de este país, había hecho Furtivos con Borau que la había colocado en primerísima fila. Sigue siendo una actriz magnífica.

Boceto de la casa Turégano

¿Cómo te sentiste?

Privilegiado. Por los clientes, por el jurado y luego por el resultado.
Pasados tantos años, veo que casi todas mis obras han salido por concurso. Desde la Caja de Granada hasta la última del Consultivo de Zamora. Y también esta casa. ¿Cómo no voy a recomendar el hacer concursos, el eterno recurso de los jóvenes, como decía un profesor mío? En este momento estoy pendiente del resultado de dos concursos, uno en Zurich y otro en Sidney. Espero ganarlos.

¿Cómo fue y cuanto duró la obra?

El proyecto y la obra fueron inusitadamente veloces. El proyecto se visó en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid en septiembre de 1986. Y se empezó a construir enseguida. El maestro de obras fue Pedro Peñalbo, un constructor local, pequeño, y como aparejador actuó Gerardo Berrocal que era más experto. Todo fue muy bien. Tardaron las obras poco más de un año. Había muy poco dinero y muchísima ilusión. Y el proyecto era sencillo de construir. Muy elemental, muy lógico. Todos los factores colaboraron para que la obra pudiera nacer sin dificultades.

Debo anotar, aunque pueda parecer vanidoso decirlo ahora, que era plenamente consciente de que estaba haciendo una obra muy especial. Con esa capacidad de permanecer en el tiempo que pretendemos todos los creadores. Escribí por entonces un texto que, aunque visto ahora pueda parecer ingenuo, “Fábula del arquitecto feliz y la blanca y cúbica cabaña”, reflejaba bien el espíritu con que hice aquella obra.

Inauguramos la casa en 1987 con una fiesta preciosa que tuvo como colofón una tarta, que era como una maqueta de la casa que había hecho Manolo Blanco, buen amigo de los Turégano: Un cubo blanco de crema con ventanas de chocolate. Debió de ser en verano porque en la foto estamos todos vestidos de blanco, aunque a decir verdad, aquel día todo, vestidos y comida y todo, fue blanco.

En una visita de Richard Meier a Madrid en 1988, me pidió muy generoso ir a visitar la casa y fue todavía más generoso en sus comentarios. Nos hicimos unas fotos que están colgadas en mi web.

La obra ha sido ampliamente reconocida y publicada. La publicó por primera vez Luis Fernández Galiano enA&V en 1987. Y Francesco dal Co en Casabella en 1989. Y sigue apareciendo, como piéce de resistence en todas mis monografías. La última la de la exposición “El árbol de la creación” sobre mi obra, comisariada y diseñada por Manuel Blanco, en el MAXXI de Roma a finales del 2011.

¿Qué hiciste esa primera vez que no hayas vuelto a hacer?

No hay nada que hiciera esa primera vez que no haya seguido haciendo. Hice y sigo haciendo las cosas con la mayor libertad posible. Sigo entendiendo que la razón es el principal instrumento con que trabajamos los arquitectos. Y sigo creyendo que sin ideas no es posible hacer ninguna arquitectura. Y que la luz es el principal ingrediente de la arquitectura.

Casa Turégano 2012

¿Qué no hiciste que te hubiera gustado haber hecho?

No hubo nada que no pudiera hacer. Roberto y Alicia me dieron libertad absoluta. No recuerdo ni la más mínima pega ni objeción a lo que yo proponía.

¿Qué consideras que es lo mejor de aquel proyecto?

El espacio diagonal. La operación del espacio interior que se obtiene al colocar dos espacios en doble altura, desplazados verticalmente y conectados en su mitad común, produce un espacio diagonal visible, muy hermoso.

He citado muchas veces a Michael Bockemühl que escribe sobre la capacidad de Rembrandt de “convertir la comprensión conceptual del cuadro en su percepción visual”. Creo que este espacio diagonal de la casa Turégano es visible y perceptible y disfrutable. Para ello basta algo tan sencillo como abrir en todo lo alto, en la pared a oeste, un hueco grande que hace que la luz del sol atraviese ese espacio y lo haga visible. Como lo hacían las casas pompeyanas. Esta casa es un ejercicio de trabajo preciso con la luz.

Recuerdo que por entonces estaba obsesionado en enrasar todo. Los zócalos y los tapajuntas debían quedar enrasados. Y las carpinterías de las ventanas, hechas con una serie de Perfrisa de acero galvanizado plegado mínima, hacen que en esas imágenes azules misteriosas, aparezcan como planchadas con la fachada. Y los suelos de caliza de Cabra, suministrada por Chacón, los sigo repitiendo todavía, siempre que puedo, ¡tan gratos son para pisar con los pies descalzos!

¿Y lo peor?

No lo sé. Los reducidos medios económicos con los que se hizo la obra colaboraron eficazmente a esa radical sencillez y claridad que se sigue respirando allí.

¿Has vuelto a visitar la obra?

Muchas veces. Roberto, Alicia y Pablo no son clientes sino amigos. Quizás es la mejor manera de expresar mucho de lo que allí pasó y sigue pasando.

Fue especialmente bonito el celebrar allí hace poco un cumpleaños de Alicia con muchos amigos. Habían contratado un cuarteto de cuerda y una soprano maravillosa cantaba. La gente estaba dentro y fuera de la casa, y el sonido era perfecto. Alababan algunos las estupendas cualidades acústicas del espacio pero debo reconocer que jamás yo había pensado en eso. En cualquier caso, la casa suena estupendamente.

Este año, pasados ya más de 25 años de aquella primera aventura, hemos hecho una pequeña ampliación, aprovechando que no habíamos agotado la edificabilidad. Hemos construido un pequeño pabellón en el jardín que es como la cuarta parte de aquel cubo. Una pequeña caja blanca que funciona como Estudio de los propietarios. Y una de las cosas mejores que han pasado ha sido que la obra original la ha aceptado con la mayor naturalidad. Parece que hubiera estado allí desde el primer día.

Si quieres ver aún más sobre este proyecto puedes ver el vídeo emitido en La aventura del saber de RTVE a partir del minuto 13:50

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3 pensamientos en “WEB Mi primera vez – Alberto Campo Baeza

  1. Gracias por vuestro apoyo, esperamos que los próximos personajes que vamos a publicar sean también de vuestro interés. Uno de los objetivos de mi primera vez es precisamente que las nuevas generaciones puedan verse reflejadas en estas primeras obras de estudios de referencia. No dejéis de visitarnos en la web y redes sociales (facebook, twitter y g+).

    Felicidades por vuestro blog.

  2. Pingback: campo baeza | jesarqit

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