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Manifiesto para rehabitar

Visto en: http://www.arquine.com

*El Concurso Arquine No.15 busca la generación de nuevas tipologías para la vivienda del siglo XXI a partir de la revisión de los modelos habitacionales de la modernidad, con base en criterios de redensificación, sostenibilidad, flexibilidad y cohesión con la ciudad.

Rehabitar es pensar en un uso nuevo, distinto, o simplemente prolongar el de lo viejo. Proyecto REHABITAR es una plataforma de investigación, difusión, divulgación y comunicación de los modos de habitar la vivienda contemporánea. “Hoy con miles de viviendas vacías y otras tantas segundas residencias, con edificios industriales y de servicios desocupados y en buen estado, seguir pensando en hacer nuevas viviendas o en su eventual prefabricación, nos parece una cuestión perfectamente aplazable. Hace ya más de un siglo de la publicación de El Practicón. En él, su autor Ángel Muro, elevó a la categoría culinaria el aprovechamiento de las sobras. Ésta podría ser una manera de definir el objetivo del proyecto rehabitar: aprovechar las sobras. El resultado debería abrir algunos interrogantes sobre cuestiones relativas a la vivienda”.

El proyecto a cargo de Xavier Monteys (conferencista del Congreso Duetos con Alejandro Hernández Gálvez) en colaboración con Magda Mària, Pere Fuertes, Anna Puigjaner, Roger Sauquet, Carles Marcos, Eduard Callís, Carlos Fernández, postula que la casa, su concepción, su equipamiento y su forma, quedan a menudo sepultados bajo un alud de premisas que tratan de dar siempre con la vivienda ideal, como una búsqueda imposible. De esta forma se plantean cómo rehabitarlas, como la forma más honesta de aproximarse a la vivienda actual, como algo mejorable pero con un final abierto.

Rehabitar supone, en cierto modo, orientar la forma de acometer reformas en el parque de viviendas de una manera razonada. Supone dejar de pensar en las reformas de las viviendas como algo perteneciente a la economía sumergida o, en cualquier caso, como un hecho individual, sino como algo susceptible de objetivarse. No se trata de customizar viviendas, sino de hacer posible mediante la intervención materializar la crítica al parque de viviendas en nuestro país. Rehabitar implica pues un cambio de actitud respecto al uso de la casa y la necesidad y naturaleza de las reformas.

El proyecto postula que pensamos en pequeños cambios que logren grandes resultados en cuanto a las posibilidades de uso de las viviendas. Rehabitar significa volver a habitar algo alterando su uso. Para rehabitar deben abordarse algunas propuestas que permitan dotar a las viviendas de servicios que ahora no tienen o mejorar la accesibilidad, la dotación y, en general, las posibilidades de uso, cambiando la jerarquía de las piezas. Como parte del Grupo Habitar (UPC), el proyecto plantea distintas directrices discursivas, algunas suponen cambios sustanciales de la casa a la calle para intervenir el espacio público y domesticar la calle desde su relación con la casa. Como parte de estas intervenciones, el proyecto Rehabitar plantea nueve episodios que vinculan publicaciones, exposiciones y documentales. El último capítulo reúne Mudanzas, un cortometraje no sólo sobre los cambios de uso, sino del espacio habitable.

Tenemos muchas plantas bajas, hoy infrautilizadas, tenemos edificios de oficinas o industriales que pueden convertirse en viviendas, tal vez dentro de poco (de hecho, ya ha empezado) tendremos incluso hoteles que deberán reconvertirse y, por supuesto, tenemos viviendas, vacías o no, cuyo programa no encaja con el uso que se le quiere dar realmente. Pero, sobretodo, tenemos viviendas que en su momento se pensaron para otra estructura social y que hoy podrían mejorar sus posibilidades. No debemos olvidar que una parte substancial de casas en las que vivimos han sobrevivido a las normativas y a las convenciones sociales que les dieron forma y que, en cambio, el conocimiento que tenemos de su condición actual es limitado y, por tanto, nuestra capacidad de intervención también lo es.

Los excesos edificatorios de los últimos años han vuelto las miradas hacia el interior de las ciudades, en la seguridad de que, antes de seguir consumiendo nuevos suelos que precisan a su vez nuevos equipamientos, transportes y servicios para sus futuros habitantes, es necesario optimizar el uso de todo lo que ya hemos construido en pueblos y ciudades en los cuales los tejidos urbanos presentan aún notables diferencias en su habitabilidad, accesibilidad y capacidad de ahorro energético.

Rehabitar es también utilizar lo que ha quedado obsoleto, en el campo de la edificación, que parece adquirir una relevancia innegable en un momento como el actual, en el que las voces autorizadas proponen una reflexión sobre los usos de la ciudad opuesto al excesivo desarrollo del suelo urbano que hemos visto en amplias zonas de nuestro país.

 Antes de hacer algo nuevo, pensemos si hemos utilizado adecuadamente lo que ya está hecho; en definitiva, se trata de aprovechar mejor lo que tenemos. ¿No sería más sensato reciclar – es decir rehabitar – las viviendas ya hechas en lugar de construir nuevas viviendas a partir de materiales reciclados? Rehabitar supone reconsiderar nuestro punto de vista sobre lo viejo o sobre lo que ya existe, habitualmente contemplados de forma negativa.

Rehabitar supone un abordaje distinto del proyecto de arquitectura. Por lo menos siempre que consideremos, claro está, el proyecto como la herramienta por excelencia para la formalización de una nueva propuesta. Rehabitar no es rehabilitar y, en cualquier caso, no nos referimos a reformas o intervenciones que persigan la puesta al día de un edificio, estilísticamente hablando, sino a proponer modificaciones en el uso de los edificios. Rehabitar es volver a usar un edificio, pero modificando la forma de hacerlo. No se trata de intervenciones plásticas, demasiado frecuentes, sino de una modificación del cómo.

Rehabitar, al compararlo con lo que Richard Sennett en El artesano denomina reparación dinámica; en el sentido de completar, de realizar una corrección en toda regla de un objeto cualquiera. Hacer y reparar forman parte de una única cosa. En cierta medida, la reparación corrige y aquí esta corrección viene producida por el nuevo uso que damos.

 Rehabitar significa el predominio del interior sobre el aspecto exterior. De hecho, este predominio se traduce algunas veces en una intervención mínima – o aparentemente nula – que, en cambio, tiene repercusiones muy importantes en el edificio sobre el que operamos y, por extensión, en la ciudad. Rahabitar supone una de las cosas más atractivas desde el punto de vista de la arquitectura: conseguir un cambio radical en un espacio con la simple alteración de su uso, sin intervenciones estructurales; por decirlo de forma radical, solo con nuestra presencia.

La cuestión de la presencia es presencial, como nos recuerda un comentario de Bruno Taut: “lo más importante en las fotografías de arquitectura no es el aspecto de los espacios con gente sino el aspecto de la gente en dichos espacios”. Son las personas quienes tienen esa capacidad de transformar un espacio y, por tanto, son esenciales para rehabilitarlos. De hecho, la expresión alude precisamente a esto. Mientras rehabilitar hace referencia al objeto, rehabitar hace referencia a la acción, al sujeto que la produce.

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