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Un Mínimo de Respeto

A continuación os traemos desde http://nmas1.wordpress.com la respuesta con la que mejor nos identificamos al comunicado emitido por el Colegio de Ingenieros Industriales de Galicia, texto que roza con la indecencia y rebosa soberbia.

Empecemos diciendo lo siguiente:

Hemos trabajado y trabajamos con ingenieros industriales. Tenemos el máximo respeto por su labor, por sus conocimientos y por su formación. Han sido y son compañeros de fatigas.

Nunca hemos querido hacer lo que ellos hacen magníficamente bien. Ni lo pretendemos. Ni probablemente –salvo unos mínimos comunes- sepamos abordar trabajos en los que están altamente especializados. Nunca nos escucharan decir que los que ellos hacen no vale para nada. O que podemos hacerlo con la gorra. O que “solo son cablecitos y tubitos”. O buscar absurdos ejemplos excepcionales, ad hominem o singulares, para con ellos justificar un todo completamente diferente.

Es una mínima cuestión de RESPETO. De educación, si así lo prefieren. De saber que son dos carreras muy diferentes y en muchas ocasiones complementarias. De tener la mínima humildad de entender que si mi formación es de 6 años + PFC y la suya es igual en duración y muy diferente en objetivos y contenido ambas nos son equivalentes. Ni tienen porque serlo. Y tan validas –tan específicas y tan técnicas- son la una como la otra.

Dicho esto, expresado el máximo respeto por los ingenieros industriales, por los individuos (No nos escucharan otra cosa) y desde ese mismo respeto, cabe analizar el comunicado emitido por el Colegio de Ingenieros Industriales de Galicia y las declaraciones de su Decano al respecto del borrador de la LSP.

Alla vamos:

Las competencias de la LOE son claras: son los Ingenieros industriales plenamente competentes en SU CAMPO DE ACTIVIDAD, algo para lo que les prepara su formación recogida –por ejemplo- en el plan de estudios del 75 (emplearé este por ser el más cercano al mío), donde en diversas especialidades aparecen –lógicamente- en quinto curso “Construcción y Arquitectura Industrial” y en sexto “Proyectos”.

Pretender que los proyectos de -5 años- y la construcción -4 años- de la carrera de arquitectura caben en esos dos es a todas luces irreal. Pretender así que su carrera equivale a la nuestra o incluso que la sustituye (Así lo afirma el señor Decano cuando dice que: Los ingenieros industriales pueden proyectar y dirigir cualquier tipo de trabajo que actualmente hace un arquitecto) dado que la coincidencia por asignaturas es mínima (Minúscula para algunas especialidades, punto que olvida quizá usted señalar), es simple y llanamente denigrar el esfuerzo formativo de los 53.000 arquitectos que existen en España, a los que se viene a decir que su formación equivale a un curso CCC, a unas pocas asignaturas o, simple y llanamente, que lo que estudian y por lo que se esfuerzan (Y créame señor decano, lo hacen exactamente igual que usted) es prescindible. Una tontería.

Los ejemplos, curiosamente siempre los mismos, empeoran aun más la cosa. El de la vivienda del vigilante de la fabrica es tan excepcional y peculiar como ambiguo es el termino “Y sus construcciones auxiliares” que aparece en la LOE (¿Muchas viviendas de vigilante en este país?). El del pabellón deportivo convertido en “salón social multiusos” es bizarro,  pero resulta muchísimo más surrealista, por irrespetuoso, el del Hospital (Que hemos visto muchas veces repetido). La parte, señor Decano, no es el todo. Y la diferencia entre usted y yo es que yo no llamare jamás a lo que sus colegiados hacen “Meter Los cablecitos y los tubitos” mientras que usted se permite llamar a lo que nosotros hacemos “hacer la caja”. La diferencia es que yo –como arquitecto- alabo y aprecio la labor de colaboración con los ingenieros industriales, entendiendo que ambas profesiones se complementan en la redacción de un proyecto tan complejo como es un hospital y usted desdeña nuestra formación técnica y nuestras capacidades con un infantilismo más propio de tertulia tabernaria que de un representante de una institución colegial al servicio de la sociedad. Se pone usted mismo la piedra en el engranaje, y se retrata, si se considera capaz de “Proyectar y dirigir cualquier tipo de trabajo que actualmente hace un arquitecto” para después llamar a esos trabajos (A uno tan especifico y delicado como un hospital) “la caja”. La falta de respeto es ya mayúscula, la ignorancia, en su caso, atrevidísima. [Lea si tiene tiempo AQUI]

Nadie les niega, señor decano, sus capacidades para la edificación. No juegue a ser víctima. Se las atribuye la LOE, y lo hace como parece lógico en el ámbito de su competencia, para el que están ustedes excelentemente formados por especialidades. Quizá esperar el mismo respeto por su parte, visto lo de “la caja”, sea pedir demasiado.

Su justificación no podría, al final, ser menos cierta y más interesada. Afirma usted sin ambages que:

“de confirmarse [La aprobación de la LSP], favorecerá el consumo y la inversión, pues ambos se verán impulsados por la mejora de la competencia, lo que permitiría reducir los costes de creación de empresas que necesiten los servicios de profesionales competentes en edificación”

La competencia en el mercado de la arquitectura ya existe y es brutal, en uno de los países con mayor numero de arquitectos por habitante (Y con mayor número de estudiantes de arquitectura) con unas de las tarifas medias estimadas más bajas de la UE. Los costes de creación de empresas, o la facilidad para establecerlas, no son función directa (Al menos no los principales) de convertir la lógica en una merienda de negros, de tornar racional en irracional o del desprecio que demuestra usted por una profesión al menos tan antigua como la suya. Omite usted además –muy interesadamente- que estamos en el siglo XXI y que el trabajo es a todas luces multidisciplinar. Que donde hay un arquitecto trabajando, suele haber también un ingeniero industrial, ambos complementándose perfectamente dentro de sus atribuciones y que su escenario es falaz, a la par que anticuado.

Y este es el problema. Olvida usted que su labor, como Decano de una institución de derecho público, es la de la defensa de la sociedad. La del servicio social como prioridad. No se preocupe, es un mal común, lo padecen también nuestras instituciones, lo hemos padecido nosotros mismos.

Olvida usted que el mejor servicio a la sociedad es el de buscar la excelencia en su campo sin despreciar la labor de los demás, y que esta se halla lejos de su soberbia y su falta de respeto voraz, interesada únicamente en VISAR aquello para lo que están sus colegiados excelentemente preparados y aquello para lo que no (Sin ser esto hacerles de menos, sino la simple y racional aplicación de la lógica comparativa de nuestros planes de estudio y formaciones) para así seguir manteniendo el chiringuito. Tampoco se crea que en esto es usted el único, podemos ponerle ejemplos propios. Resulta usted tan trasparente como carpetovetónico su único interés. Visar. Que no pare la música.

Nunca pensé que llegaría el momento en este país, en esta vida, en que llegaríamos a tener que defender que una carrera –la suya- no engloba la nuestra. Que un arquitecto no es un ingeniero industrial y viceversa. Que el uso implica complejidad (Una guardería, un centro de día, un colegio, una vivienda no son una nave industrial, ni un centro de almacenaje por muy ultra tecnificado que esté, y los niveles de complejidad no son comparables porque atañen a cuestiones y técnicas muy distintas). Que ambas profesiones son complementarias y no fagocitarías. Haga el favor si lee estas líneas de no intentar ponerme el ejemplo (de nuevo falaz) de la estética, del arte, de la composición o demás excusas de mal pagador. Mi carrera, no lo olvide, es tan técnica como pueda serlo la suya. Yo soy un técnico, no soy –no he querido ser nunca y nunca seré- un artista. Por supuesto obvie usted ponerme como excusa que hay Arquitectos muy malos. Probablemente haya tantos como Ingenieros muy malos. No se legisla para aplicar moralina, ni para excepciones. Ni para singularidades.

Se legisla para servir a la sociedad. Y quizá ganaríamos mucho si consideramos que su formación y la nuestra –al servicio de esa sociedad- conducen a capacitaciones diferentes. Ni mejores, ni peores. Diferentes y complementarias.

Termino aquí, no merece la pena extenderse más. Lo hago reiterando que el problema no es entre profesionales. Son sus instituciones y aledaños y sus espurios intereses económicos (Las suyas, las nuestras, las aseguradoras que quieren ampliar sus primas de decenal, un gobierno ultraliberal y desnortado…).

Termino afirmando que si la LSP ELIMINARA EL VISADO DE FORMA GENERAL (El suyo y el nuestro) sospecho que usted, señor Decano, no habría pronunciado palabra más alta que otra. Termino repitiendo que, al contrario que usted, el respeto por la labor de sus colegiados jamás me hará pensar que son eliminables, sustituibles, que su formación es inútil o que se dedican a “poner motorcitos y tubitos”.

Se lo pongo más claro: Si mi Decano se hubiera pronunciado en los mismos términos que usted sobre sus colegiados, los Ingenieros industriales, estaría ahora mismo pidiendo su dimisión.

[Este es un análisis, en las sabias palabras de Antonio Miranda, “paranoico”. Basado en la experiencia propia. Esta misma semana publicaremos uno muchísimo más científico, retorno de la Jefa, Maria Granados, a la acción. Y que retorno. No se lo pierdan]

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