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Pensamientos sobre la arquitectura

Artículo de José Manuel Juan publicado en: ELEMENT
Estas primeras palabras las escribo desde mi breve experiencia personal en el mundo de la arquitectura y seguramente (o eso espero porque querrá decir que voy por el buen camino) cambien mediante vaya avanzando mi experiencia.
Veo fundamental saber qué se está haciendo con la vida y, por consiguiente, qué es a lo que nos dedicamos. No voy buscando una definición de la arquitectura, cosa que ya han hecho grandes arquitectos a lo largo de la historia.
          “La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz” Le Corbusier
          “La arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio” Ludwig Mies van der Rohe
          “La arquitectura es vida, es la vida tomando forma, es el documento más sincero de la vida tal como fue vivida siempre” Frank Lloyd Wright
          “La arquitectura es la relación entre una persona y otra, algo que hace que las personas se unan”Toyo Ito
          “Arquitectura es siempre un discurso entre aquello que queremos ser y aquello que ya fuimos”Paulo Mendes da Rocha

Me interesa mucho más saber qué es lo que estamos haciendo, qué es lo que podemos o nos permiten hacer. Si preguntásemos a los médicos a qué se dedican, posiblemente la inmensa mayoría nos respondería que a curar o diagnosticar enfermedades; si preguntásemos a los taxistas, nos responderían que a llevar a la gente de un sitio a otro; los abogados a defender los derechos de sus clientes… y así podríamos seguir profesión tras profesión. Pero y los arquitectos, ¿tenemos claro a qué nos dedicamos? Porque si Le Corbusier, Mies van der Rohe o Wright tenían razón en sus definiciones, yo creo que la inmensa mayoría de las construcciones que pueblan el planeta no se corresponden con ninguna de esas definiciones de arquitectura.
Comencé la carrera de arquitectura porque quería construir edificios. Por aquel entonces no sabía nada de Mies, ni de Wright, ni de Le Corbusier… no sabía nada de arquitectura. Según iban pasando los años de aprendizaje me iba dando cuenta de que es algo más que simplemente construir edificios, empezaba atener en cuenta las proporciones, la luz, la configuración de los espacios, la percepción, los sentimientos… Empezaba a entender que la arquitectura se relaciona muy estrechamente con las personas que la habitan y que, en gran parte, el bienestar personal de estas personas depende de la arquitectura que las rodea.
Cuando sales de la carrera al mundo profesional tienes miles de ideas que estás deseando poner en práctica, ideas que en mayor o menor medida sabes que mejorarán la sociedad (o ese es el fin), ideas de arquitectura. Es entonces cuando te das cuenta que existe algo llamado normativa y que todas tus ideas y conocimientos no sirven de mucho, ya que esa normativa te va a decir lo que puedes y lo que no puedes hacer, incluso muchas veces te va a decir exactamente como tiene que ser el proyecto o, al menos, la imagen. Te va a indicar los materiales a utilizar, el color, la altura, la posición, la forma de la cubierta, las ventanas…. lo único que hay que hacer es transportar las indicaciones de la normativa a unos dibujos. ¿Entonces dónde puedo utilizar todos los conocimientos aprendidos durante la carrera?¿Para qué sirven todas las clases de magníficos arquitectos sobre la proporcionalidad espacial, la utilización de la luz, la composición…? Si durante la carrera ya te enseñan que lo primero que se debe de tener en cuenta al hacer un proyecto es el lugar y el entorno, si ya nos han enseñado a componer los espacios pensando en el uso y en la funcionalidad, si nos han enseñado a jugar con las perspectivas y con la profundidad… entonces ¿por qué no nos dejan aplicar todas esas ideas y conocimientos para poder hacer una arquitectura mejor?
Sinceramente, y después de mi breve experiencia en el mundo profesional, creo que muchas de estas restricciones normativas se deben al segundo problema al que se enfrenta un arquitecto para realizar un proyecto. La figura del promotor. Los proyectos que haces durante la carrera los haces únicamente pensando en tus ideas. Piensas cómo puedes mejorar el entorno, piensas en ideas de espacio, funcionalidad, piensas en ideas de imagen… Pero los proyectos profesionales te los encarga un promotor que te va a decir exactamente como quiere su casa, y ahí está uno de los peligros de la arquitectura, que la diseñe alguien que no tiene conocimientos de arquitectura, que no conoce la obra de Mies, ni de Wright, ni de Le Corbusier… dejando al arquitecto como un técnico necesario para que su casa no se caiga. Es como si fuéramos a comprarnos un coche, una lavadora o un móvil y les dijéramos exactamente cómo lo quisiéramos. Y de ahí que exista la normativa, para que el arquitecto le diga al promotor lo que puede o no puede hacer con el diseño de su casa, convirtiéndose la figura del arquitecto en un mero intermediario entre el promotor y su construcción.
Es verdad que tampoco es todo tan dramático y que hay cierto margen para la imaginación y los conocimientos del arquitecto. Con todas las restricciones que nos ponen el promotor y la normativa podemos, y debemos, pensar en hacer la mejor arquitectura posible. Debemos realizar una planta que funcione y organice el espacio o diseñar un alzado que funcione compositivamente con una imagen que se adecue al entorno. Es verdad que sería mucho más fácil si no nos pusieran tantas restricciones, pero aún así debemos de pensar en hacer la mejor arquitectura posible con todas las herramientas que tengamos en nuestras manos. Una de nuestras prioridades al recibir un encargo debería de ser el mostrarle al promotor todas las opciones que hay para realizar su proyecto. Explicarle conceptos arquitectónicos como la luz o la organización espacial. Que vean que hay más opciones aparte de la cubierta de teja a dos aguas con fachada de ladrillo, porche y piscina en el jardín. Decirle que el vestíbulo cerrado de entrada es un concepto anticuado y que la sociedad actual no requiere de tanta privacidad en su casa. Mostrarle que hay viviendas con tabiques móviles que se van adaptando a la cantidad de gente que las habitan… Debemos de ser sus profesores de arquitectura porque, queramos o no, los arquitectos somos unos técnicos contratados por alguien, un cliente al que nos debemos y que, aunque nosotros tengamos mejores ideas o mayores conocimientos, no debemos olvidarnos que la casa que estamos proyectando no es para nosotros.
Debemos de acercar la arquitectura, pero la verdadera arquitectura, a la sociedad. Conseguir que se empiece a hacer más arquitectura y menos construcción.

Fundación Mies van der Rohe (1929), BarcelonaFundación Mies van der Rohe (1929), Barcelona

Fundación Mies van der Rohe (1929), BarcelonaFundación Mies van der Rohe (1929), Barcelona

Bernard Schwartz House (1939), WisconsinBernard Schwartz House (1939), Wisconsin, F. Ll. Wright

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