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Sobre el verbo mentir [Artículo desde N+1]

La pelea con los Ingenieros Industriales al hilo de la Ley de Servicios Profesionales no ha hecho más que empezar, y con el último comunicado que se ha filtrado desde su Consejo General queda aun menos duda ( si es que había alguna) sobre su posicionamiento. Desde N+1 hacen, como siempre, una magnifica reflexión crítica al respecto. Aquí la tenéis:

Sometimes I sing and dance around the house in my underwear. Doesn’t make me Madonna. Never will.

[Algunas veces canto y bailo por casa en ropa interior. Eso no me convierte en Madonna. Nunca lo hará]

Joan Cusack. “Working girl”.

Al respecto del comunicado del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros industriales de España, y dirigido en exclusiva a sus redactores y capitostes del asunto (Que no al resto de Ingenieros).

Léanlo previamente aquí. Alejen la cristalería antes.

Les parecerá duro el titulo, pero se precia uno de llamar a las cosas por su nombre, y respecto a su comunicado, no queda otra que llamar al pan, pan; al vino, vino y a las mentiras, mentiras.

Vamos allá. Sin nerviosismos.

Porque así comienza el texto. Mintiendo. Mienten interesadamente al referirse a “la formación de muchos ingenieros” de forma difusa cuando deberían especificar (Pues son ustedes técnicos de lo especifico) y señalar que la única rama que se acerca de lejos (Muy de lejos, mucho) a las capacitaciones formativas establecidas por el Ministerio de Educación para el titulo habilitante de Arquitecto son las de su especialidad en Edificación, quedando el resto tan poco emparentadas como un huevo y una castaña. Si voy a tener que aguantar paternalismos sobre “nerviosismos” y racionalidades, es exigible un mínimo de precisión.

Mienten, y sigue la cosa, cuando dicen que nadie discutía unas –inventadas- competencias en edificación antes de 1999. Sus atribuciones competenciales son las mismas desde 1935. Concretamente desde el Decreto del 18 de septiembre de 1935, publicado en la gaceta de Madrid, N.º 263 de 20 de septiembre de 1935 en el que no aparece ninguna de sus recientes aspiraciones competenciales. Avisen si las encuentran. Ninguna de las que la LOE atribuye a los Arquitectos. Entiendo que conocen el decreto, si no por interés aunque deberían, porque está publicado en paginas web de sus propios colegios, con lo que asumo que además de mentir, lo hacen con absoluto conocimiento de causa.

Dicho de otra forma para que nos entendamos: Nadie discutía nada, porque no había nada que discutir sobre unas competencias que no tenían. La LOE exclusivamente especifica los agentes existentes relativos a la edificación (Según sus usos) con las COMPETENCIAS EXISTENTES (Que ya estaban establecidas según sus usos) para las formaciones establecidas (Especializadas –oh, sorpresa- según sus usos) sin variar ninguna de ellas. Lo que tenían ustedes antes de 1999 lo conservaron ustedes después.

Pueden por tanto ustedes guardarse esa bonita combinación de “la proyección artística y humanística” que de tanto repetida y de tan mal –y torticeramente.- empleada empieza a hastiarme.

Yo no soy un artista. Ni lo pretendo. No soy un humanista diletante, ni lo pretendo.

Soy un Arquitecto. Un técnico especializado, tanto como puedan serlo ustedes. Sin matices de ningún tipo. Su falaz intento de devolver la pelota con elucubraciones sobre lo que es edificación y construcción y esas simplistas proyecciones humanísticas es tan fútil como infantil y se resume en que la parte no es el todo. Tan sencillo como eso. Quienes confunden construcción con arquitectura son ustedes. Les remito a las –insultantes- declaraciones del señor Adsuar a quien la formación del arquitecto (MI formación, que me costo más  créditos y al menos los mismos años que la suya) le parece resumida en “poner ventanas”. Arquitectura es construcción. Y es estructuras. Y es instalaciones. Y es estética. Y es historia del arte. Y es mecánica del suelo. Y es muchas cosas más, absolutamente indivisibles. Es una disciplina compleja (tanto como en otros aspectos lo es la suya), que ustedes pretenden simplificar y banalizar para adaptarla a la rapiña. Y es, en resumen, todo lo que lleva aparejado un plan de estudios que se parece al suyo en menos de un 30% del contenido lectivo, lo que en su día, aplicado a sus competencias, les parecía una barbaridad y ahora les parece fenomenal. Porque intuyo también que conocen este informe (de 2011) en cuya pagina 15 (abajo) dicen ustedes, sobre esa falta de coincidencia formativa, cuando lo que se jugaban era la transversalidad entre ingenierías:

Consideramos que este dato deja absolutamente en evidencia la afirmación que se hace el informe respecto a la existencia de un núcleo común de conocimientos suficiente para justificar la no reserva de actividad que se pretende y ponemos de manifiesto la irresponsabilidad que esta afirmación y esta medida podrían acarrear cara a la sociedad, a los ciudadanos y usuarios de los servicios profesionales de la Ingeniería y el daño irreparable que se haría a la propia profesión y por ende la perdida de prestigio de la misma frente a laIngeniería  europea y mundial y su repercusión económica negativa.

Sustituyan Ingeniería por Arquitectura, verán que claro les queda todo.

Así que, de nuevo, si su solidez moral con respecto a las bases mismas de sus conocimientos y su profesión es una suerte de puerta batiente que abre en un sentido u otro en función de puros intereses voraces y mercantilistas, si quieren para los demás lo que no estaban dispuestos a tolerar para con ustedes, cabe suponer que o mentían antes o lo hacen ahora. Y eso tiene un nombre y es el de hipócrita.

Porque la división, la separación, el invento del TBO que arguyen –mal- es falso de raíz. Yo no doy lo que se hacer como extra. No separo una cuestión de la otra. No tengo una tabla de Excel en la que cobro más  por esa estúpida “proyección humanística o artística” a la que pretenden estultamente reducir el 70% de mi formación. La sola idea de que piensen que eso es posible da muestra del dislate intelectual en el que viven.

Y profundizar es peor. ¿Qué significa, exactamente, la siguiente frase?

Problemas relacionados con su estructura, sus cimentaciones, las instalaciones de fontanería y electricidad que contiene, los ascensores, y, más recientemente, los infinitos sistemas de información y comunicación que la hacen vulnerable. Todo ello, problemas a resolver por ingenieros cualificados.

De nuevo, la media verdad interesada. De nuevo la falacia en esa afirmación sobre los problemas a resolver por ingenieros cualificados en la que se oculta que los Arquitectos poseen la formación y la competencia exactamente igual de cualificada para resolver exactamente igual las mismas cuestiones hasta sus ultimas consecuencias. Un simple vistazo a su plan de estudios y el nuestro lo demuestra sin necesidad de rasgarse las vestiduras victimistas por la racionalidad. De nuevo la demagogia sobre la discriminación, inexistente, cuando lo que existe es una especialización por títulos y programas formativos diferentes (MUY diferentes) conducentes a la obtención de títulos habilitantes.

 

Pecan ustedes además de exceso de confianza (¿Soberbia tal vez?). Son muchos (Muchísimos) los arquitectos que jamás han subcontratado una estructura o unas instalaciones. Muchos los que contratan a otros arquitectos especialistas en estas materias, con lo que esa especie que están tan encantados de transmitir sobre los “problemas” que “resuelven” como si lo hicieran indefectiblemente para toda obra existente es interesadamente poco clara y de nuevo demagogia cargada de media verdad.

El final de su panfleto falsario es, pese a que lo anterior ya era de traca, lo mejor de lo peor. La cúspide de lo tabernario pintada a brochazos. La colaboración de Ingenieros y Arquitectos es ya fluida en nuestro país, tanto o más que pueda serlo en los de nuestro entorno, lo que no tiene nada que ver con su intento indisimulado de obtener vía Decreto lo que no tienen por formación.

Así, olvidan ustedes reseñar, de nuevo mintiendo, que lo que “tampoco ocurre en ninguno de estos países” -en los que por lo visto se colabora lo indecible- es que la formación de los Arquitectos sea la de los Arquitectos Españoles ni que por tanto somos exactamente igual de competentes que ustedes en muchas de las materias que, más  allá de los Pirineos, les están vedadas a otros modelos formativos de Arquitecto.

Olvidan también, ah pillastres, decir que ese “Ingeniero” para ustedes interesadamente genérico allende nuestras fronteras es habitualmente el Ingeniero Civil (y no el Industrial, que se dedica generalmente –Oh sorpresa- a lo que su nombre indica) y que en España el equivalente a ese foráneo Ingeniero Civil… ¡Es el Arquitecto! pues su formación es precisamente esa.

Por otra parte, su análisis resulta simplista y de nuevo embustero: Existen en otros lugares reservas de actividad, registros de Arquitectos y de Ingenieros, entidades habilitantes y lo que varía es la forma de acceder a ellos (Generalmente mediante exámenes de organismos independientes como el ARB en Inglaterra, caso de no venir de una formación reglada). Ustedes quieren, dicho de forma sencilla y un poco a lo chino, un ciclo formativo, dos títulos. Acostarse Ingenieros Industriales y levantarse Ingenieros Industriales y Arquitectos sin que medie entre ambas situaciones nada más  que la desnortada intención de un gobierno neoliberal cuyo único interés es convertirnos a todos (Con su inestimable ayuda, claro) en mano de obra precaria en venta al mejor postor. Y eso, permitan que les diga, no cursa en ningún país del mundo donde impere la estabilidad jurídica necesaria para que los profesionales y la sociedad no sean estafados por intereses espurios sean estos gubernamentales o de otro tipo.

El ejemplo, ya conocido, de la escuela taller es tan peculiar como interesado cuando aluden ustedes a complejidades mayores o menores sin entender que son sencillamente diferentes. Que no nace por generación espontánea la capacidad para resolverlas y que no son relativas al “gusto” (Que es para catar jamones) ni a la “sensibilidad” (Que es para los títulos de nóvelas de Jane  Austen) sino que viene del esfuerzo y de los complejos conocimientos adquiridos en una formación sólida que merecería mayor respeto por su parte.

Olvidan además ustedes, de nuevo torticeramente, al efecto de agrandar esa falsa imagen de “discriminados” que ahora gustan de cultivar institucionalmente, que la LOE ya incluye entre sus atribuciones las que les son propias y las auxiliares, como quizá pudiera ser una pequeña escuela taller. Bien lo saben ustedes, que emplean esta excepción de la ley como caso extensivo y que bien podrían emplearla en aquello para lo que esta pensada.

Acaban ustedes en lo alto, como no era menos esperar. Con una simple y grosera alusión al “y tu más” sobre quien debería o no avergonzarse de determinadas “estéticas” (Usar así el termino es, de nuevo, propio de quien no lo entiende). Lo hemos dicho siempre. Hay muy malos arquitectos. Como hay muy malos Ingenieros, muy malos médicos y muy malos árbitros de primera división, sin que eso deba convertir al legislador en una suerte de Torquemada repartidor de dadivas habilitantes para castigar al (supuesto) pecador y premiar al (supuesto) justo, ni el debate en el plató de “Sálvame” como parece pretenden ustedes.

Espera uno más  de todo un Consejo Superior (sea este de lo que sea) que esa apelación burda a medirnos las vergüenzas en el patio del colegio que, como deberían comprender, no resulta base legislativa de ningún tipo cuando lo que se legisla es mucho más  importante y afecta a, sin ir más  lejos, 30.000 estudiantes de arquitectura a los que su libelo desprecia, menoscabando su esfuerzo formativo y reduciéndolo a clichés vergonzosos más  propios de barra de bar que de un organismo de derecho público como es el que representan. Ya lo dijimos una vez: mientras ustedes se despachan a gusto –plenos de incultura- con definir nuestra profesión como “hacer cajitas” (sic), o “poner ventanas” (sic) jamás nos escucharan decir que la suya es “meter cablecitos en las cajitas”. Estamos bastante por encima de semejante ordinariez y respetamos demasiado la formación y competencias de los demás para caer en ese lodazal en el que ustedes parecen nadar con alborozo.

Es, precisamente, el uso de una edificación el que determina quienes son los profesionales habilitados para dirigir su proyecto y obra. Lo es desde el punto y hora en que sus formaciones, completamente diferentes salvo los mínimos en que coinciden, están diseñadas y asentadas para tal fin. Y si consideran ustedes que su formación, a lo largo de los años, se ha ampliado (Cosa que seria de esperar y muy digna de encomio) lo tienen muy fácil: Acudan a una ETSA, pruébenlo sobre el mismo rasero sobre el que más de 50.000 profesionales lo han probado en este país al obtener sus títulos.

Confunden ustedes por tanto complicación con complejidad. Aplican la simpleza de querer poner al neurocirujano a hacer lo que el traumatólogo, por la simple razón de que ambos van de verde. Mezclan tamaño con dificultad, escala con técnica y sobre todo viven instalados en una mentira: La de que nuestra profesión es una suerte de armario de compartimentos estancos de los que solo una parte es tan valida como el todo según interese. Afirman sin vergüenza alguna que la Arquitectura (O lo que ustedes llaman abstrusamente “proyección humanística y artística” y que es bastante más y más complejo que semejante ridiculez) en ocasiones sobra o que en definitiva no es tan importante como las partes. [¿Dónde? Me pregunto. ¿En las guarderías de nuestros hijos? ¿En sus colegios? ¿En los museos? ¿En las viviendas que habitamos? ¿En nuestros espacios públicos? ¿En las oficinas donde pasamos media vida? ¿Dónde les sobra a ustedes todo lo que hace de la Arquitectura lo que es?]

Y encima, pretenden hacérnoslo tragar con panfletos paternalistas, cargados de mentiras, de desprecio y de absurdos lugares comunes sobre artes y humanismos que huelgan por su simpleza. Todo es, efectivamente, más  sutil, como bien señalan. Mucho más  sutil que sus muy escasos argumentos. Mucho más que su falta de educación, que su voracidad y que el descaro con que pretenden que su formación les capacite para lo que les es propio -y nadie niega, ni discute, ni ansía- y lo que no lo es.

Respetar la formación de otros profesionales es respetarnos a nosotros mismos y a la sociedad que nos forma a todos. Eso es lo respetable.

Y mentir, negro sobre blanco, no lo es. Si se deben a la sociedad, como tanto alardean, podrían muy bien empezar por no hacerlo.

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